El Origen de Chuspi
La idea de llamarle La Botica de Chuspi nace de un momento muy concreto de nuestra vida.
Tras la muerte de Rita y Juana, nuestras dos perritas, la casa quedó en silencio. Un silencio pesado, de esos que no se llenan con palabras. Había un vacío enorme, difícil de explicar, pero muy fácil de sentir.
Un amigo nos habló entonces de una camada de cachorros en un pueblo entre Lalín y Silleda. Buscaban familias que los adoptaran. No lo pensamos demasiado. A veces, las decisiones importantes no pasan por la cabeza, sino por el corazón. Así que mi hija y yo nos subimos al coche y fuimos hasta allí.
Al llegar, la escena parecía detenida en el tiempo: a la derecha, un establo; a la izquierda, una casa de piedra, de las de toda la vida; de frente, un galpón; debajo, leña apilada y un tractor viejo.
Llovía.
De repente empezaron a salir cachorros por todas partes, pequeños, mojados, preciosos. Corrían, jugaban, se acercaban sin miedo… y entonces lo vimos.
Uno de ellos, el más pequeño de tamaño, se había refugiado debajo del tractor para no mojarse. Observaba desde allí, atento, tranquilo, como si ya supiera que no hacía falta correr para llegar primero.
Nos miramos mi hija y yo. No hubo dudas. Era él. Así llegó Chuspi a nuestra vida.
Pequeño, listo, sensible… y justo lo que necesitábamos sin saberlo.
La Botica de Chuspi es eso: un homenaje al amor que se fue, al que llegó sin hacer ruido, y a todos los animales que, sin pedir nada, son capaces de curarnos por dentro.
Porque a veces, la mejor medicina tiene cuatro patas y un corazón enorme. 🐾


